Vínculo de apego

A mediados del siglo XX John Bowlby formuló su Teoría del Apego, que afirma que el apego es el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus cuidadores o figuras sustitutivas y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para el desarrollo de su personalidad. Su tesis fundamental es que el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su cuidador.

Según esta teoría, el bebé nace con un repertorio de conductas que tienen como finalidad producir respuestas en los padres (la succión, el llanto, el balbuceo, las sonrisas reflejas, etc.); son estrategias innatas del bebé para vincularse con sus padres. Con estas conductas el niño busca mantener la proximidad con sus padres, resistirse a la separación, protestar si se lleva a cabo y utilizar a sus cuidadores como figuras de apego desde las que explorar el mundo.

Esta teoría fue desarrollada e incorporada después por otros muchos investigadores, como Winnicott, M. Malher, Ainsworth, Sander o Stern, entre otros. Todos ellos pusieron de manifiesto que el Yo como identidad subjetiva que llegará a ser no se construye sin vínculos, y que estos vínculos son obra de cada uno de los progenitores, de su apego mutuo y de su interactividad.

Esta aportación teórica supuso la consideración del “instinto de apego” en el movimiento emocional, donde antes sólo se tenía en cuenta el “instinto sexual”. El instinto de apego se ha incorporado a la práctica clínica en las terapias psicocorporales y en algunas analíticas. Así, los patrones infantiles de apego del paciente son analizados para conseguir el tratamiento mejor.

La teoría del apego actualmente tiene una relevancia universal, no sólo en el contexto terapéutico, sino también en el de crianza. La importancia del contacto continuo con el bebé, sus cuidados y la sensibilidad a sus demandas no son cuestionados.