Sanación energética

El ser humano a lo largo de la historia ha tomado para su autodefinición y la comprensión del mundo distintos modelos, predominando los modelos científicos. Así, hemos pasado de la física newtoniana (que nos consideraba objetos sólidos), a la teoría del campo (que concebía nuestro universo y realidad humana como fuerzas mutuamente interactivas), después a la teoría de la relatividad (que cambió todo nuestro concepto de espacio-tiempo, conectándolos en una ecuación), hasta llegar a una concepción holográfica de la realidad (que formula que no existen lo que llamamos “cosas”, sino procesos que podrían convertirse en sucesos y que cada parte representa al todo).

La sanación energética se basa en este último modelo holográfico. Para comprenderlo es necesario salir del dualismo y abrir nuestra mente a la posibilidad de que todo lo que compone lo que llamamos realidad esté plenamente interconectado, a que existan varios niveles de realidad y que no sólo somos uno, sino que cada parte representa al todo.

En una sociedad que anhela una mayor tolerancia y respeto en todos los aspectos, es necesario dejar de invalidar la experiencia que queda fuera de nuestra forma newtoniana de pensar y ensanchar nuestro marco de referencia de la realidad, ir más allá de los límites de las tres dimensiones. Es con esta actitud que me he abierto y formado en sanación energética, según la enseña Barbara Ann Brennan, física, psicoterapeuta y sanadora norteamericana y autora de dos libros traducidos al español: “Manos que curan” y “Hágase la luz”, publicados por la Editorial Martínez Roca.

Múltiples estudios demuestran que el modelo corporal ordinario formado por sistemas (como el sistema nervioso, el sistema circulatorio, el digestivo, etc.) resulta insuficiente para explicar la realidad compleja humana. Para ello se ha postulado el modelo de un campo energético organizador: El campo energético humano o aura, que es el conjunto de las emanaciones de un individuo. Algunos de los componentes del campo energético humano han sido medidos en el laboratorio, como los componentes electrostáticos, magnéticos, térmicos, visuales y electrónicos. Estas mediciones muestran que el campo energético humano se compone de partículas y que tienen un movimiento semejante al de un fluido, como las corrientes de aire o agua. Todas estas mediciones concuerdan con los procesos fisiológicos del cuerpo físico.

Ese campo energético humano o aura está compuesto por varios cuerpos y en todos ellos existen unos órganos metabolizadores de energía que llamamos chakras. Tanto estos chakras, como los distintos cuerpos pueden presentar, al igual que el cuerpo físico, diversas alteraciones estructurales o funcionales, que acaban manifestándose como dolencias en nuestro cuerpo físico.

La sanación energética se ocupa de tratar estos desequilibrios o disfunciones en los cuerpos sutiles y en nuestros vórtices de energía, equilibrándolos, cargándolos y reparándolos. Esto se realiza por imposición de manos del terapeuta.

El efecto de esta terapia energética es múltiple, pues actúa en todos los niveles del ser humano, de modo que se benefician de ello, además de nuestro cuerpo físico, nuestras emociones, nuestras capacidades cognitivas, nuestros sentimientos y capacidad de relacionarnos, nuestra voluntad y nuestra capacidad y deseo de conexión con lo divino.

No hay que olvidar que las enfermedades se originan en los cuerpos sutiles y van descendiendo hasta manifestarse en nuestro cuerpo físico y comportamiento. De modo que, si intervenimos en niveles elevados de nuestro campo energético, estamos deteniendo el proceso de enfermedad. No obstante, esto no significa que el terapeuta pueda sanar cualquier dolencia, sino que, realizando el paciente ciertos cambios en sí mismo y su realidad, la curación será posible.